La astrología se ocupa de lo mundano, y su razón de ser es la predicción. En la carta natal podemos «leer» la promesa natal, es decir, los eventos que una persona está destinada a vivir. Según los astrólogos antiguos, el ascendente o Casa 1 simbolizaba a la persona, mientras que el resto de las casas representaban los eventos o «accidentes» que esa persona experimentaría convirtiéndola en alguien único.
Para determinar si un evento sería positivo o negativo, se analizaba una combinación de la simbología planetaria, su fortaleza y los aspectos que formaban con otros planetas o puntos de la carta. Por otro lado, para identificar en qué área de la vida ocurrirían estos acontecimientos, se definieron las casas astrológicas. Estas son 12, el mismo número que los signos del zodiaco, y abarcan todos los escenarios posibles de la experiencia humana. Si queremos salir de nuestro destino marcado por las estrellas, el único camino es la espiritualidad.
Pero la rueda zodiacal no solo describe eventos, también nos indica cómo idealmente debemos vivir y comportarnos para alcanzar el éxito mundano. Si comenzamos desde el principio, la Casa 1 o ascendente arquetípico corresponde a Aries. Esto sugiere que, para tener éxito, es necesario iniciar proyectos con energía ariana: fuerza, enfoque en un objetivo y sin dudar.
Casa 2: Los recursos y el dinero
La Casa 2 nos muestra cómo gestionar nuestros bienes y dinero. Aquí encontramos la energía de Tauro, que simboliza la posesividad y el ahorro. Esto nos enseña que, para asegurar nuestra estabilidad económica, debemos ser precavidos y saber guardar.
Casa 3: La comunicación y las primeras relaciones
Simboliza la educación primaria, los hermanos y nuestro entorno cercano. Es similar a la energía de Géminis, representada por dos gemelos. Además, Géminis, cuyo regente es Mercurio, nos recuerda la importancia de «saber vendernos» y hacer marketing, ya que, si no nos damos a conocer, difícilmente lograremos el éxito.
Casa 4: El hogar y los ancestros
Esta casa representa nuestras raíces, el hogar y los bienes inmuebles. Es la casa de Cáncer, el signo más maternal de todos, Aquí vemos la sabiduría de construir un lugar seguro al que siempre podamos regresar.
Casa 5: El amor y la creatividad
Es la casa del amor, la diversión y la creatividad. Sin estos elementos, la vida sería difícil de sobrellevar. Además, simboliza las ideas innovadoras que nos ayudan a crear mejores productos o soluciones para los demás.
Casa 6: El trabajo y la salud
Considerada una de las casas «difíciles», representa el trabajo arduo y las enfermedades. Asociada con Virgo, nos habla de esfuerzos en la sombra y las consecuencias del exceso en la Casa 5 (placeres), que pueden repercutir en nuestra salud.
Casa 7: Las asociaciones y el matrimonio
Esta casa simboliza las relaciones, ya sean matrimoniales o comerciales. Asociada con Libra, nos enseña que el éxito muchas veces requiere la capacidad de llegar a acuerdos y establecer alianzas sólidas.
Casa 8: La transformación y las pérdidas
Es la casa de la muerte, las pérdidas y los recursos compartidos, como herencias o legados. Relacionada con Escorpio, nos recuerda que las pruebas difíciles nos transforman y nos hacen renacer.
Casa 9: La espiritualidad y el conocimiento superior
Esta casa nos lleva al ámbito de lo trascendental, donde buscamos un propósito superior. Asociada con Sagitario, nos invita a expandir nuestra conciencia y encontrar significado más allá del materialismo que impera en la actualidad.
Casa 10: La carrera y el propósito
La Casa 10 está relacionada con la carrera profesional y el destino. Capricornio, su signo asociado, nos enseña que alcanzar el éxito requiere seriedad, disciplina y, a veces, una actitud pragmática, fría y desconfiada.
Casa 11: Los amigos y los proyectos colectivos
Representa las amistades y los ideales que compartimos con otros. Asociada con Acuario, nos recuerda que, una vez alcanzado el éxito, debemos trascender el ego y contribuir al bienestar colectivo.
Casa 12: La introspección y la disolución
La última casa está vinculada con Piscis y simboliza el final de un ciclo, donde nos disolvemos para prepararnos para un nuevo comienzo. Es un espacio de introspección y conexión espiritual. Es quizás la lección más importante: todo lo que empieza, acaba.
Una forma sencilla de interpretar nuestra carta natal es analizar cómo estas casas arquetípicas se reflejan en nuestra propia carta y observar si las energías que manifestamos en cada área son armónicas o discordantes. Cuanto más alejadas estén de su ideal, más retos encontraremos en esa área de nuestra vida.
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