Con el trígono Saturno-Neptuno, los sueños se materializan mediante disciplina. Compasión, orden y creatividad convergen en logros tangibles.
El trígono es un aspecto armónico de la naturaleza de Aries – Leo por lo que une a dos planetas del mismo elemento que colaboraran sin ningún tipo de obstáculo. Suelen simbolizar un talento innato de la persona y dan mayor resistencia y estabilidad frente a los cambios. Sin embargo, esta misma facilidad se puede volver en contra ya que no prepara para los cambios que traerán los tránsitos de planetas lentos.
Saturno representa los límites y el temor por eso cuando entra en contacto con alguno de los planetas de la Carta Natal inhibe la función de ese planeta. El signo y casa en el que este nuestra una energía y área de experiencia en la que nos sentiremos inadecuados y torpes por lo que durante toda la vida habrá un esfuerzo para conseguir la excelencia. Al planeta con el que entra en contacto le proporciona una gran resistencia. Muchas veces muestra cual es la relación que existe con la autoridad de cualquier tipo.
Neptuno, cómo todos los planetas transpersonales, simboliza una energía impersonal y ante la que no queda más remedio que rendirse. Neptuno representa la confusión y el estado onírico pero también la idealización, la fantasía y el amor incondicional. Simboliza la necesidad que todos tenemos de transcender lo cotidiano y sobre pasar nuestras propias posibilidades. En aspecto, representa la pérdida de límites y estructura del planeta con el que entra en contacto.
El trígono entre Saturno y Neptuno simboliza la unión entre lo pragmático y lo espiritual, lo concreto y lo imaginativo. Esta combinación fomenta la capacidad de dar forma a los sueños y visiones idealistas de manera estructurada y realista. Saturno, con su naturaleza disciplinada y formal, brinda las herramientas necesarias para materializar las imágenes nebulosas y fantásticas de Neptuno, creando una síntesis que permite convertir la inspiración en logros tangibles.
Este aspecto dota a quienes lo poseen de un equilibrio poco común entre rigor y sensibilidad. Las actividades creativas, espirituales o sociales suelen convertirse en vías constructivas para canalizar esa fusión de energías, permitiendo que la magia tome forma en la realidad.
El trígono Saturno-Neptuno también fomenta un enfoque realista hacia los asuntos espirituales. La tendencia a dejarse llevar por charlatanes o gurús es mínima, ya que se desarrolla una actitud crítica y analítica hacia las doctrinas y creencias. Este aspecto impulsa a quienes lo poseen a adoptar una filosofía de vida basada en la postergación de la gratificación y en la comprensión de que el verdadero crecimiento espiritual requiere tiempo y esfuerzo.
Pero trígono también puede conducir a una tendencia a la pasividad ante injusticias sociales. Superar la inclinación a permanecer al margen es fundamental para aprovechar plenamente sus beneficios, ya que la combinación de sensibilidad social y disciplina moral permite realizar importantes contribuciones al bien común.
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