Símbolos de aspectos astrológicos para una entrada de Vivir En Astrológico.

CUADRATURA MERCURIO – PLUTÓN

La cuadratura entre Mercurio y Plutón facilita una comunicación intensa y un autoanálisis profundo. Pero también favorece los sesgos cognitivos y la subjetividad.

La cuadratura es de la naturaleza de Aries – Cáncer poniendo en contacto signos de elementos incompatibles pero con una misma motivación. Es un aspecto muy energético que afecta mucho a la vivencia de la persona. A diferencia de otros aspectos, no es visible desde fuera sino que el individuo lo vive internamente. Un planeta desvía continuamente al otro de su acción lo que hace que ninguna de las dos funciones se pueda expresar de forma correcta.

Los aspectos que reciba Mercurio describirán la forma en la que comunicamos verbalmente quienes somos y que estilo tenemos al relacionarnos. También la facilidad o dificultad que enfrentamos en nuestra educación. Es un planeta central en la formación de nuestras opiniones y si solemos infravalorar o bien a sobrevalorar el pensamiento racional. Cómo la energía siempre sigue al pensamiento, desde este punto de vista es Mercurio quien tiene la clave para hacernos progresar.

Plutón, cómo todos los planetas transpersonales, simboliza una energía impersonal y ante la que no queda más remedio que rendirse. Plutón representa el poder absoluto, la muerte y resurrección, la destrucción para comenzar desde cero. También es la lucha más descarnada por la supervivencia. La Casa que ocupe representa el área de la vida en donde no quedará más remedio que reinventarse y donde se vivirán situaciones traumáticas. En aspecto, provoca que se viva la energía del otro planeta como algo amenazante, a vida o muerte.

La cuadratura entre Mercurio y Plutón genera una intensa necesidad de descubrir secretos, con una mente obsesionada por el conocimiento como forma de control. Las personas con esta configuración destacan por su capacidad para desvelar motivaciones ocultas en los demás, aunque son sumamente reservadas con sus propios pensamientos. Esta configuración potencia una comunicación directa, a veces brutal, que puede generar conflictos, especialmente cuando las ideas se presentan sin suavidad ni consideración hacia las reacciones ajenas.

Esta cuadratura plantea el desafío de superar la desconfianza obsesiva y el deseo de manipulación mediante las palabras. Puede existir una tendencia a moldear las opiniones ajenas o a descalificar las perspectivas diferentes, motivada por una profunda inseguridad ante la crítica. En su manifestación más oscura, esta cuadratura fomenta sesgos cognitivos negativos, como la conspiranoia y la paranoia persecutoria, donde el temor lleva a proyectar en los demás intenciones similares a las propias.

Sin embargo, este aspecto ofrece también una oportunidad para el autoanálisis profundo. Permite deconstruir patrones mentales rígidos, cuestionar creencias y liberar la mente del ego, transformando la desconfianza en una herramienta para el autoaprendizaje. La clave está en aprender a comunicar con empatía, poniéndose en el lugar del otro y por tanto dando valor a las opiniones ajenas.

Cuando se aprende y cultiva el arte del auto-cuestionamiento, el individuo puede desbloquear su potencial intelectual, dejando atrás actitudes defensivas. Esta apertura al diálogo permite que el conocimiento fluya de manera enriquecedora, lejos del control obsesivo y hacia una comunicación efectiva basada en el respeto mutuo.

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